jueves, 23 de septiembre de 2010

Tenia un año...

Tan solo un año era lo que tenía, o menos, o casi un año, la cuestión es que cumplí años en otro lugar. Y cuando digo otro lugar, me refiero a otro lugar físico. Mis padres había decidido que era mejor para los tres vivir en Buenos Aires. Corría.. o mejor dicho finalizaba el año 1974. Había sido un año bastante difícil para los Giazzini, el mayor de los dos hombres de la familia había perdido su empleo, el menor casi ni hablaba, casi ni caminaba, y requería de pañales de tela para poder subsistir. La única mujer de los tres, mi madre, no daba a vasto con tener que lavar y cambiar pañales y además trabajar en el kiosco. Además como en todas las ciudades del país, se vivía con miedo. Miedo obviamente distribuido por el Gobierno, Perón había muerto y todo se había vuelto muy turbio. Sobre todo para Haydee Giusti de Giazzini, perdón, no la presenté, así se llama mi madre. Haydee era peronista. Miguel, mi padre, también, pero… por decirlo de alguna manera, Haydee creía en Perón, Miguel creía en Aldo Pedro Poy…
En fin.. no quiero hacerla más larga la cuestión que la dificultad de vivir en Rosario cada vez era mayor y se decidió en un consenso en el cual yo no participé, a mudarnos a Buenos Aires. Específicamente dejamos Rosario a mediados del año y nos ubicamos en una pequeña casa de Boedo, cerca de Av. La Plata. Allí cumplí mi primer año, comencé a charlar con mi madre, me golpeé la cabeza varias veces y fui testigo de cómo varios hinchas del club San Lorenzo de Almagro hacían alarde de su nuevo campeonato, colmando un estadio que no existe más y celebrando los miles y miles de goles que vinieron de la mano de Héctor Scotta, después me enteré que este campeonato iba a ser el último que celebraría en el estadio de Av. La Plata, a unas pocas cuadras de donde había vivido. Y que también, este campeonato sería el que marcaría el final de la época dorada de la institución. Igualmente, de todo esto me enteré muchos años después, en ese momento calculo que me parecía más interesante hacer que el viejo me cargue en andas o escuchar sus discretas puteadas a los “cuervos” o bien sentir las caricias de Haydee.

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